PRESUNTO CULPABLE
- ¿Cuántas veces tengo que repetírselo?-decía Sergio.
- Hasta que me quede bien clarito. ¿Dónde estuvo la noche anterior?. Y, ¿por qué atacó a aquella mujer? - chillaba el inspector López.
Una y otra vez Gonzalo López, el inspector de la comisaría de policía del distrito de Salamanca, situada muy próxima a
Alicia de lo ocurrido.
- Esa noche estuve en Huertas, en un pub, no sé cómo puñetas se llamaba, no me acuerdo. Tomé unas copas, creo que había un chico en el escenario cantando una canción y un grupito de amigos vitoreándole. Me fui enseguida, ja ja ja ja, bueno, no tan pronto… Cuando conseguí a aquella rubia, ¡que buen par de melones tenía!... Mmmm… ¡Menuda
hembra!...
- Ahórrese esos detalles, seguramente a esa señorita no le gustarían esos…adjetivos. Pero puede darme su dirección y su nombre para corroborar su historia- replicó Gonzalo.
- ¡Niño pijo!, conmigo sí que aprenderías lo que es una mujer.
- Continúa, o verás lo que puede hacerte este niño pijo.
- Ya voy, ya voy, ¡qué genio!… No sé su nombre, ni donde vive, quizás en mí Hotel la conozcan de haber ido más veces allí, yo era la primera vez que la veía y, cuando desperté, ya se había ido. Por la mañana fui al Ministerio de Agricultura y Pesca ha renovar mi licencia, lo intenté hacer en Valencia pero, los muy capullos, me dijeron que tenía que venir a la capital, que el sello de allí no valía ¡asquero
sa burocracia! Mira donde me tienen sin haber hecho nada.
- ¿Sin haber hecho nada? Claro, por eso tengo a más de 50 testigos que te vieron pegar a Alicia sin motivos, por eso tengo un parte de lesiones del Hospital, por eso tienes miles de denuncias en Valencia, que te has saltado a la torera y, por eso estas aquí encerrado desde hace 5 días, porque no has hecho nada. No me hagas reír y canta, ya me estas cansando, cada vez me das una versión, que si habías bebido, que no sabias lo que hacías, que fue ella quien te atacó… Dime, ¿Cuál es la verdadera? Me temo que esta vez no te salvan tus amiguitos, vas a pasar una larga temporada bajo sombra- chillaba enfurecido Gonzalo.
- ¡Que tío más pelma! Es una cualquiera, seguro que vino aquí a encontrarse con alguno de sus
amantes. En Valencia, no había hombre que no se le acercará, estoy cansado de que me toree. Se merecía lo que la di, y mucho más, esta vez debería de haberla matado. Salía del Palacio de Deportes, el lunes, después de haber ido al ministerio, tenía que jugar un partido de Baloncesto Benéfico allí y, al ir caminando hacia mi coche, me la encontré. ¡Que guapa estaba! La quise llevar conmigo, pero se opuso, se me fue la cabeza y la pegué. Tiene que creerme no quería hacerlo, ¿está bien?- decía sollozando Sergio.
- Como esté o no esté a ti no te importa, ahora, por fin, veo que me has dicho la verdad, vete
pensando que no vas a salir de aquí en unos cuantos añitos, es mejor que te busques un buen abo
gado, lo necesitas. Lleváoslo- ordenó Gonzalo. - No sé como os pueden llamar “presuntos culpables” cu
ando los
hechos son tan claros. Clara, dile al comisario que voy a interrogar a la señorita García, volveré en cuanto termine.
Gonzalo salió hacia el hospital; de camino, iba pensando como era posible que un hombre pudiera llegar a maltratar a una mujer. No sabía cómo se encontraría a la joven, el doctor no les dejó entrar, cuando lo intentaron, el día de los hechos. Al llegar, entró en la habitación sin llamar, vio a la chica de espaldas, semidesnuda, siendo atendida por una enfermera que estaba curando las heridas de su maltrecho cuerpo.
- Vaya, lo siento, debí llamar antes de entrar, creí que estaría usted descansando. ¡Dios Santo, pero que salvajada! Esperaré fuera, le pido disculpas.
Alicia intentó volverse al oír la voz y taparse, pero su cuerpo, lastimado, no la permitía realizar movimientos normales, aún la quedaba mucho tiempo para su recuperación física y psicológica, eran demasiados años acumulados de castigo, uno detrás de otro. La enfermera, al ver entrar al hombre, intentó taparla como pudo y, le echó de la habitación hasta que terminará, una vez fuera, le dejó entrar al enseñarle la placa e identificarse.
- Siento lo de antes, ha sido una falta de educación por mi parte. ¿Cómo se encuentra?- preguntó Gonzalo.
- Asustada, tengo pánico de volver a encontrármelo, la próxima no me dejara viva. No se adonde ir para que me deje en paz y poder salir tranquila a la calle.
- No se preocupe, dudo que vuelva a intentarlo, al menos, por una temporada, estará encerrado por un tiempo y no será aquí en Madrid. En cuanto el Juez lo indique, le trasladarán a Valencia, mientras tanto podría pensar en irse a un lugar más seguro. Si no le importa, me gustaría que me contara como ocurrió todo- sugirió Gonzalo mientras sacaba su libreta de notas.
- Salía de
- ¿Raúl? ¿Quién es Raúl?- preguntó Gonzalo curioso.
- Mi compañero de piso, la persona que me acogió cuando llegue a Madrid. Seguramente le habrá visto por aquí estos días, supongo. Es un chico rubio con ojos verdes, 1,80 de estatura más o menos, complexión fuerte, somos compañeros de trabajo también.
- Je je, veo que es usted detallista, me ha descrito con todo detalle a esta persona en cuestión. ¿Alguien más conocía a Sergio aparte de usted?- preguntó Gonzalo haciendo averiguaciones.
- No, de aquí nadie, salvo mis padres, que le conocen de Valencia, no sé si estarán aquí, tengo ganas de verlos. Como cambiamos, no quiero volver a verle, por favor prométame que esta vez harán algo- pedía Alicia llorando.
- Tranquila, haremos todo lo posible, esta vez se ha pasado de la raya, ha hecho algo más que incumplir un alejamiento o unas simples amenazas. Me gustaría interrogar a sus amigos y a sus padres, voy a ir a la sala de espera a preguntarles. Espero que se recupere pronto señorita, estaremos en contacto por si necesito mas detalles y le iré informando del desarrollo de los acontecimientos, seguramente tenga que declarar en un juicio. Buenos días- se despidió Gonzalo.
- Buenos días, Inspector.
Autor: Raquel Sánchez



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