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Simpatia a rebosar con su puntito de mal genio cuando le tocan la fibra. Persona que se deja conocer.
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miércoles 22 de abril de 2009

Incognitas



INCÓGNITAS



- Pero ¿tú qué haces aquí? ¿Cómo te has enterado?- preguntó Raúl al salir de la habitación.

- Y tu ¿Qué hacías ahí dentro? ¿No me están diciendo que sólo puede entrar la familia? Tú no eres familiar suyo, que yo sepa.

- Cierto, no soy un familiar pero soy una persona autorizada al igual que Paula, los dos que la hemos estado acompañando bajo autorización médica hasta que han podido llegar sus parientes – respondía Raúl un tanto agresivo-. Pero sigues sin responderme, ¿tú qué haces aquí?.

- La llamé a su móvil y no respondía, por lo que como tuve que viajar a Madrid me acerqué a vuestra empresa y allí me encontré con una chica nueva en recepción que al preguntar por Paula y Alicia me contó lo ocurrido- alegó Maximo.

- Chicos creo que deberíamos dejar que el doctor entrara a verla e irnos a otra parte a hablar de todo esto. No creo que sea el sitio adecuado para estar hablando, molestamos al resto de pacientes y a la propia Alicia – sugirió Toni.

- Tiene razón este muchacho, si son tan amables vayan a la sala de espera, en cuanto termine iré a hablar con ustedes- sugirió el doctor.


Los tres hombres pidieron disculpas y se marcharon. En la sala, el resto de compañeros y amigos de Alicia, contaron los demás detalles a Maximo de todo lo que había sucedido. Al salir, el médico les dio un diagnóstico favorable acerca de la evolución de la chica y les aconsejó a todos que se fueran a casa, esa noche se quedaría al cuidado una enfermera por si había una recaída y era mejor que no estuviera nadie con ella aparte del personal sanitario, podría ponerse nerviosa y volver al estado de shock que la había tenido así esos últimos días.


- Mañana quizás, si su estado se lo permite, pueda recibir visitas, hoy es mejor que la dejen tranquila- les aconsejó el médico.



- ¿Quieres que te acompañe a casa?- se ofreció Toni.

- No hace falta si no quieres- dijo Paula- ya sabes que no vivo muy lejos, puedo coger el autobús.

- No me importa, Raúl va a llevar a Javier, así no vamos solo ninguno, recordamos viejos tiempos, además tengo el coche aparcado cerca de tu puerta, de todos modos tengo que ir hasta allí.

- Entonces si es así vamos.


Paula vivía cerca de la Plaza de Colón y había un buen paseo desde el Hospital hasta su casa. Ninguno de los hombres allí presentes la hubieran dejado regresar sola. Estaba anocheciendo y aunque no corriera peligro, como buenos caballeros que eran, alguno se hubiera ofrecido a llevarla. Por el camino Toni y Paula iban rememorando viejas anécdotas.


- ¡Como pasan los años!, aún me acuerdo de aquella noche que salimos de fiesta y como era verano ya en vez de encerrarnos en los típicos pubs nos colamos en el Retiro antes de que cerraran. Luego no podíamos salir, así que pasamos allí la noche sin que el vigilante nos descubriera. ¿Te acuerdas de la bronca que le echaron sus padres al día siguiente a Marga?- decía Paula.

- Ja, ja, ja, ja, sí, aún oigo la voz de su padre diciendo “Que sea la última vez que no avisas si no

vas a venir”, creo que la castigaron por dos semanas sin salir con nosotros, bueno ni con nadie, iba de casa al instituto y del instituto a casa. Éramos más jóvenes y hacíamos muchas locuras.


Tan, tan, tan, tan, tan…… oía repicar Mario las campanas de la iglesia mientras caminaba atravesando los Jardines del Descubrimiento. Venía del antiguo taller de Don Juan Pascual de Mena, donde hacía ya años había trabajado incansablemente esculpiendo figuras Benito, uno de sus tatarabuelos, él había tomado el testigo de sus antepasados y siguió con la tradición de antaño, si no ¿quién realizaría las figuras de las nuevas esculturas de fuentes y jardines?. Según se iba acercando a la Plaza de Colón, con aquellos monumentos conmemorando la figura del Descubridor y el país que se divisó, se quedó mirando fijamente a una pareja de jóvenes que iban en su mismo recorrido.


- ¡Qué bonita pareja hacen! Que juventud despiden. ¡Como me gustaría volver a ser joven de nuevo!


- ¿Nos sentamos un rato?, no me apetece volver a casa todavía aunque puede que tú estés cansada de haber estado estos días en el Hospital. Te has portado como una verdadera amiga con Alicia, ofrecerte así ,sin conocerla apenas, a cuidar de ella no lo haría cualquiera- alabó Toni a la muchacha.

- No te preocupes, te lo iba a sugerir yo, tenía ganas de tomar un poco el aire y creo que ninguno tenemos prisa por volver, no hay nadie esperándonos, bueno a ti sí, estará Raúl en casa pero no creo que le importe o ¿has quedado con Sara?. Por cierto, ¿entre Alicia y Raúl hay algo?, he observado como se miraban en el cumpleaños de Pablo y la actitud que ha tenido estos días con ella- preguntaba curiosa Paula.

- Pues no, no he quedado con Sara. Entre Raúl y Alicia no existe nada, aunque yo también estoy empezando a sospechar que ambos querrían mucho más. Raúl se comporta de forma extraña cuando alguien halaga a Alicia, yo creo que está celoso, si no me confundo, me parece que se está enamorando de ella y no quiere reconocerlo o tiene miedo por lo que le pasó con Cristina.

- Estos días no me ha dejado que me quedara ni una noche, ni a mí ni a sus padres y por el día tampoco se apartaba de ella. Los padres de Alicia le mandaban a descansar pero él no quería, se echaba en un sillón de la sala de espera y se dormía un rato. Es más, cuando nos llamó la policía para informarnos de lo que la había pasado, su cara de preocupación y su forma de actuar no eran las de un simple amigo- apuntó Paula.

- Entonces no me cabe duda de que se ha enamorado. Ya te digo que creo que tiene miedo, está confundido y quizás le asuste empezar una relación, aunque creo que en esta ocasión funcionaría. Los hombres a veces estamos ciegos y no vemos lo que tenemos delante- explicó Toni.

- Tenemos entonces la oportunidad de ayudarles, si vemos que Alicia tiene algún tipo de comportamiento que nos hiciera sospechar que pudiera sentir lo mismo que Raúl, pues debemos intentar darles un empujón. A veces es necesario que nos lo den ¿verdad?- insinuó Paula.

- Eso parece una autentica indirecta ¿lo del empujón lo dices por alguien en concreto?. Lo de poner de nuestra parte para que se unan si ambos sienten lo mismo no me parece mala idea.

- Habrá que ponerse manos a la obra y procurar fijarnos en los detalles, para no dejar que este par de dos dejen pasar delante suyo, puede que, la oportunidad de su vida para ser felices. ¿Qué tal estas con Sara “La Taquillera”? Lo de la indirecta va por ti.- respondió Paula con una sonrisa pícara..

- ¿Por mí?, ¿por qué?, ¿quién me tendría que haber dado un empujón a mí? ¿de qué me hablas? con Sara… Bueno… Eso es parte del pasado- preguntaba asombrado Toni.

- Será mejor que nos marchemos, si no, al final acabaré contando algo que no deba.

- ¿Y me vas a dejar así? ¿sin saber a qué te refieres?.

- Sí… Otro día, a lo mejor, te lo cuento, pero hoy no.


Toni acompañó a Paula hasta su casa, su coche estaba a pocos metros del portal donde ella vivía. Por el camino intentaba una y otra vez sonsacar a la muchacha a qué se refería con su conversación de antes, pero ella no hacía más que hacerse la desentendida. Paula siempre había tenido esa virtud de dejarle con la intriga cuando quería saber algo, se conocían desde pequeños, habían sido amigos desde la infancia y esta vez parecía que no iba a ser distinto y se iba a volver a quedar con la duda.


Autor: Raquel Sánchez

Relatos Jamás Contados

martes 14 de abril de 2009

Una tarde en el Museo

UNA TARDE EN EL MUSEO


Debía de escribir otro nuevo relato, sus lectores cada vez reclamaban más su escritura, estaban deseosos de leer algo nuevo cada semana y no era fácil mantener el ritmo y sus ansias de saber que pasaría con Alicia o si la historia continuaría o tomaría otro rumbo muy diferente al que ellos imaginaban.


Cada vez disponía de menos tiempo, pero aún así su ilusión por el proyecto que había comenzado hace cosa de un año aproximadamente, no disminuía. Las ideas se le agolpaban en la cabeza sólo faltaba ordenarlas y plasmarlas en folios. ¿Mantener la intriga? ¿Empezar algo nuevo?. Hasta hoy, el camino emprendido les gusta así que continuemos…. ¿Qué sendero seguimos?.



La brisa mecía su pelo, hacía buen día a pesar del frío de los días pasados, hoy sí parecía primavera, los rayos del sol empezaban a calentar y sentada en aquel banco, entre el sol y la sombra de los árboles del jardín, no se estaba nada mal.


Había pensado darle una sorpresa, lo llevaba planeando a lo largo de todo el día, sabía que tenía que ir al Museo pues en su empresa había ocurrido algo con una de las empleadas y ninguno de los compañeros podía ir a ver a ese cliente, como lo llamaban ellos. La verdad era que a Isidro ya le empezaba a cansar que le tomaran por el chico de los recados, casi siempre era él quien salía a visitar a los clientes fuera de la oficina y el que hacia las gestiones que los demás no querían. Desde fuera podía pensarse que el resto de compañeros eran los señoritos a los que había que servir y que su jefe no era capaz de mandar a otro porque no sabía imponerse, aunque la opinión de Laura era bien distinta. Ella pensaba que la razón por la cual Javier siempre le ordenaba trabajos a realizar en el exterior, era porque Isidro era el mejor técnico de la empresa, porque confiaba en él y porque los clientes lo preferían y no era que Laura pensara así porque estuviera cegada por el amor que le tenía a Isidro, si no porque simplemente los clientes así lo demostraban.


- ¡Que tranquilidad!- hablaba sola Laura – ha sido una buena idea venir hasta aquí. Espero darme cuenta cuando salga, creo que no hay más salidas que esta.


Tenía un gran libro en la mano, al salir de casa pensó en no cogerlo pues era bastante gordo y pesaba lo suyo, contaba con 1.000 páginas nada menos, se lo había regalado Gonzalo en un cumpleaños y hasta ahora no había sido capaz de terminarlo pero se había hecho el mero propósito de leer un poco cada día e incluso Isidro se lo recomendaba.


Estaba tan centrada en la lectura, rodeada de los árboles del jardín del Museo Arqueológico Nacional y de todos aquellos antiguos restos, incluso allí fuera había una replica de las famosas Cuevas de Altamira pero no podían ser visitadas pues estaban remodelando una zona del edificio y estaba todo patas arriba.


Era la primera vez que estaba allí, a pesar de ser de Madrid nunca había visitado aquel lugar. Por lo que Isidro le había contado el edificio se dividía en dos o tres plantas en la que estaban expuestos antiguos restos arqueológicos y tesoros encontrados en las excavaciones que se iban realizando, a veces también realizaban exposiciones de otras culturas anteriores o de diferentes regiones a la nuestra. Precisamente la empresa de Isidro había sido contratada para elaborar una especie de base de datos que recogiera todo lo que el Museo tenía en su poder, para eso estaba él allí hoy.


Eran cerca de las 7 de la tarde, el Museo cerraba a las 8, Isidro estaría a punto de salir, tenía ganas de verlo, abrazarlo y darle un beso, hacía poco que habían comenzado la relación pero parecía que se conocían de toda la vida, se amaban y eso nadie podía negarlo, ni ellos mismos sabían cuanto.


- Esta bien si tu no sales, iré yo a buscarte, ya es la hora y no puedo esperar más- se decía para sí Laura- pero, ¿y ese hombre de dónde sale?, no puede ser que haya atravesado la pared.


Cuando Laura se dispuso a levantarse, su vista se clavó en una persona que traspasaba uno de los muros del Museo, parecía un hombre, al menos tenía un cuerpo corpulento y no tenía aspecto de mujer , a no ser que fuera disfrazado; llevaba unos rollos en la mano, parecían antiguos papiros, ¿un ingeniero de las obras quizás?......


- Pero ¿y usted señorita que hace aquí? – oyó Laura una voz – que grata visita, amor.

- ¿Has visto a ese hombre? – preguntó ella.

- ¿Cuál hombre, cariño?, aquí no hay nadie más que tú y yo. ¿Así es como se saluda a un novio?, ¿preguntándole por otro hombre?, ¿me tengo que poner celoso que pones esos ojos en otro?- dijo Isidro en modo irónico.

- Ay, no digas tonterías cariño, había un hombre allí, ha salido por la pared y…..

- Además de ansiedad ahora ¿tienes alucinaciones?, ¿cómo va a salir un hombre de la pared? Habrá salido por la puerta del Museo y no te has fijado, anda olvídate de él y ven aquí, ¡dame un beso de una vez!.

.

Ambos se fundieron en un cálido y largo beso pero a pesar de ello Laura no se quedó tranquila, algo raro había pasado allí, pero ¿cómo descubrirlo?......


Autor: Raquel Sánchez.

Relatos Jamás Contados